Comenzamos nuestra ruta por la Iglesia de Sagrados Corazones.
El antiguo convento de San Francisco recaló en la Congregación de los Sagrados Corazones, que lo convirtió, a partir de 1880, en un activo núcleo docente, tras realizar una ambiciosa ampliación del conjunto arquitectónico.
Su iglesia y su claustro fueron construidos en la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del siglo XVII, según los cánones del Renacimiento y el Barroco.
La iglesia, de una sola nave dividida en cinco tramos, presenta una cabecera ochavada. La construcción está rematada por amplias capillas entre los contrafuertes.
En junio de 1775, una pavorosa riada del Ebro destruyó el puente medieval que unía los dos barrios mirandeses de Aquende y Allende. Junto con este, también se hundió la torre en la que se ubicaba el Ayuntamiento.
Fue entonces cuando se acordó construir una nueva Casa Consistorial...
Se hizo en la entonces llamada Plaza del Rey, introduciendo elementos neoclásicos. La obra concluye en 1788, cuya construcción había costado 190.000 reales.
El edificio, de piedra de sillería, presenta dos cuerpos: uno inferior almohadillado. El segundo, con siete vanos rematados por frontones semicirculares y triangulares, culmina con el escudo de la Ciudad en su parte central.
La Casa de las Cadenas, ubicada frente al edificio del Ayuntamiento, fui construida a finales del siglo XVI. Debe su nombre a las cadenas de hierro que penden sobre su acceso, concedidas por el rey Fernando VII en 1828 como recuerdo tras alojarse en este edificio.
No fue esta la única visita real que recibió la construcción. En 1660, tomó descanso en ella, la infanta María Teresa, quien viajaba a la isla de los Faisanes.
En su diseño interior, imita a los hermosos palacios renacentistas italianos, subrayando el piso nombre con almohadillas en la sillería.
Ubicada junto a la casa de las cadenas, la Casa de los Urbina es muestra de las mansiones palaciegas promovidas por los hidalgos mirandeses a los largo del siglo XVI.
Hoy Casa Parroquial, fue construida entre 1540 y 1550 por Juan de Urbina, capitán al servicio de Carlos V y miembro de una familia principal de la localidad.
Muestra una estructura medieval. Levantada en piedra de sillería, cuenta con planta baja y tres pisos.
En 1655 se hospedó y falleció en la misma, Margarita de Saboya, virreina de Portugal. En 1660 era el rey Felipe IV, que acompañaba a su hija María Teresa a su enlace matrimonial con el monarca Luis XIV de Francia, quien descansaba en sus estancias.
Dedicada a la patrona de la Ciudad, la Virgen de Altamira se levanta en el corazón del Casco Antiguo, sobre el solar antes ocupado por el Hospital del Chantre.
Fue construida a lo largo de cinco décadas del siglo XVI en estilo renacentista, con elementos arquitectónicos de gótico tardío.
Cuenta con tres naves de igual altura, cubiertas por bóvedas estrelladas que se apoyan en enormes columnas de piedra sillar.
Además del ábside poligonal, cabe destacar las dos capillas laterales, dedicadas a la Inmaculada y a San Andrés.

El Teatro Apolo fue proyectado en 1920 por el riojano Fermín Álamo, posteriormente arquitecto municipal mirandés, a encargo de la propietaria del solar, Dolores Ángel Zorrilla.
Estamos, sin duda alguna, ante el mejor inmueble civil de la primera mitad del siglo XX, caracterizado por sus líneas cerradas y una rica ornamentación historicista inspirada en el Renacimiento español.
La construcción emplea frontones triangulares y circulares; en los tímpanos aparecen figuras de personajes relacionados con el teatro, el mundo de la cultura y la mitología clásica.
El teatro fue inaugurado el día 4 de octubre de 1921.
Tras sufrir un creciente deterioro, acelerado tras cesar sus actividades como teatro y cine, fue adquirido por las Administraciones central, regional y local con el fin de proceder a su rehabilitación.
Todavía ubicados en el Casco Antiguo.
La Iglesia de San Juan se eleva sobre la Plaza del Mercado, núcleo de la villa en el pasado.
Su estado actual expresa la crudeza del paso del tiempo.
Templo usado para el acuartelamiento de tropas y expoliado por el ejército francés en la Guerra de la Independencia, fue desamortizado en 1875. Pasó entonces a complementarse con viviendas, que aprovechaban elementos constructivos elementales.
Permanecen hoy de la estructura primitiva el ábside y diversos restos de la nave: arcos, ménsulas, columnas, capiteles...
Entre el barrio de Aquende y Allende, divididos por el río, entramos en el Puente de Carlos III.
Existe constancia de que en el siglo XII Miranda ya contaba con un puente medieval. En 1775 una gigantesca riada destruyó el paso sobre el Ebro y tuvo que ser sustituido.
En junio de 1777 ambas riberas volvían a estar unidas por el actual Puente de Carlos III.
Cuenta con seis arcos y en un principio los leones, símbolos de la Ciudad, se ubicaban en uno de los laterales, que a principios del siglo XX cambiaron al centro.